Uno de los buques oceanográficos más avanzados del mundo, el alemán Polarstern, acaba de llegar a una zona del suroeste del océano Atlántico para comprobar con garantía científica cómo afecta al crecimiento del fitoplancton y las consecuencias del vertido de seis toneladas de sulfato de hierro en polvo en un área de 300 kilómetros cuadrados, como posible medio de lucha contra el cambio climático.El fitoplancton no sólo representa la base de la alimentación de la vida marina, sino que también desempeña un papel clave en la fijación o absorción del dióxido de carbono presente en la atmósfera. Si el hierro induce la proliferación de las algas y éstas absorben más dióxido de carbono, la fertilización del agua sería una forma de lucha contra el calentamiento global.
En parte, el experimento pretende averiguar si el gran declive observado en el krill (crustáceos diminutos) desde que las ballenas azules fueron diezmadas hace unas décadas en esta zona está relacionado con esta reducción o se debe sólo al calentamiento global. Se cree que las ballenas ejercían un papel de abono, manteniendo una continua disponibilidad de hierro para el plancton en las aguas superficiales.
No se si la idea de "fertilizar" el mar es buena o no pero me parece que puede desviar la iniciatiba de reducir la emisión de dióxido de carbono.
María Colomer (Miguel Catalán)
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