lunes, 19 de abril de 2010

EYJAFJALLAJÖKULL

Este es el complicado nombre, en islandés, del volcán que inició su actividad sísmica a finales de 2009, de una manera poco apreciable, en principio. Está situado a 200 m bajo el glaciar del mismo nombre, el quinto en importancia de Islandia.

El 20 de marzo de 2010 inició su erupción, que no dejó de ser un bonito espectáculo y una buena ocasión para su observación, ya que al volverse activo en pleno glaciar los científicos podían acercarse a él para su estudio bastante más de lo acostumbrado.

Pero una nueva erupción, más violenta, el 14 de abril, ha arrojado grandes cantidades de ceniza volcánica y otros elementos hasta los 7.000 m de altura, formando una impresionante nube de humo y “polvillo”.

Dado que esta eyección de materiales se produjo bajo el hielo glacial, la lava expulsada sufrió un rápido enfriamiento lo que provocó que se formaran pequeños fragmentos de vidrio que ascendieron dentro de la columna de ceniza, aunque el grueso de los materiales se mantiene en altura de forma sorprendente. Como son de un tamaño inferior al milímetro y pesan poco, aún no se han depositado en el suelo.


PROBLEMAS

Su presencia en las capas altas de la atmósfera resulta muy peligrosa para la navegación aérea, ya que estas partículas pueden afectar a las turbinas de los aviones, al producir un efecto de desgaste y abrasión, además la ceniza volcánica absorbe fácilmente la humedad.

Esto ha llevado al cierre del espacio aéreo sobre la mayor parte de Europa a partir del 15 de abril, afectando los planes de viaje de millones de pasajeros. Casi todo el norte y centro de Europa, y parte del sur, se ha cerrado al tráfico aéreo. Y todo ello con un importante coste económico: se estima que las compañías están sufriendo unas pérdidas de más de 148 millones de euros diarios.

EFECTOS SOBRE EL CLIMA

Por un lado la erupción ha afectado al glaciar Eyjafjalla. La ignición ha provocado que una parte importante del glaciar se derrita y provoque inundaciones, lo que ha ocasionado la evacuación de la población.

Por otra parte se espera que si la nube de cenizas alcanza la estratosfera se produzca un descenso de la temperatura global, al igual que sucedió en 1992 tras la erupción del Monte Pinatubo en Filipinas. Las cenizas no son gases de efecto invernadero. De hecho provocan el efecto contrario, reflejando los rayos solares en las capas altas de la atmósfera e impidiendo que calienten la superficie.

En este caso la acción del ser humano no ha tenido nada que ver, simplemente la orogénesis terrestre sigue su curso.


¿Cuánto durará? El precedente impresiona: la vez anterior en que el volcán entró en erupción, en 1820, estuvo activo durante 14 meses.


FUENTES: “El Heraldo de Aragón”, “El País”, “La Voz Libre”, “RTVE”

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