lunes, 1 de marzo de 2010

La tormenta perfecta

Un total de 50 provincias españolas, todas excepto Murcia y Baleares, estarán hoy en alerta amarilla (riesgo), naranja (riesgo importante) o roja (riesgo extremo) a consecuencia de la ciclogénesis explosiva que ya ha pasado por Canarias y que afectará a lo largo del día a buena parte de la Península. La borrasca es "rápida, intensa y profunda", según la AEMET. En Galicia, incluso en las áreas bajas, se esperan vientos de 140 kilómetros por hora. Mientras, en gran cantidad de zonas del interior peninsular se prevén vientos de 100 a 120 kilómetros por hora.

El temporal comenzó el pasado lunes, cuando en el Atlántico tropical se formó el embrión de una borrasca. Ese sistema de bajas presiones empezó a avanzar hacia Madeira y Canarias. El miércoles, la borrasca se encontró con un chorro de aire frío ártico que la alimentó aun mas.

Tanto creció, que acabó formando lo que los expertos denominan una "ciclogénesis explosiva".En ese sentido, precisó que se llama ciclogénesis al proceso de formación de cualquier borrasca, algo que "está ocurriendo continuamente en todo el mundo".En cuanto al término "explosiva", dijo que se trata de un umbral definido en la literatura científica para llamar la atención sobre borrascas que se profundizan muy rápidamente. Rivera añadió que eso significa que en el mecanismo de formación de una borrasca la presión baja "muchísimo" en su centro, de eso vienen los vientos fuertes. "Cuanto más rápidamente baja la presión, quiere decir que se está succionando más aire que tiene que venir de los alrededores a llenarlo y con más fuerza debe de llegar ese aire para cubrir el vacío".

Fuentes:



1 comentario:

Andrea dijo...

LA TORMENTA PERFECTA A SU PASO POR FRANCIA.

En Francia la conocían como «Xynthia». Menos benévola que a su paso por España, la borrasca lo ha arrasado todo.
La violencia con la que «Xynthia» azotó aquel fin de semana Francia hace que la llamada «tormenta perfecta» haya sido aquí mucho menos indulgente que a su paso por la Península Ibérica.

En primer lugar, por el importante balance de víctimas mortales, 47 frente a las 3 de España, y por los numerosos heridos. También, por la envergadura de los daños materiales provocados por una borrasca ciclónica que por sus devastadores efectos recuerda al fuerte temporal que arrasó el país vecino en diciembre de 1999.

Pese a las advertencias de los servicios meteorológicos, el desencadenamiento de «Xynthia» sorprendió por la rapidez y virulencia con la que sacudió buena parte del litoral atlántico en la madrugada del sábado al domingo. Sobre todo en los departamentos de Charente-Maritime, Vandée, Deux-Sèvres y Vienne, donde los vientos huracanados llegaron a alcanzar los 160 km/hora y en donde se concentraron la mayoría de las víctimas.

La mayoría perecieron ahogados durante la noche y después de que el agua irrumpiera indiscriminadamente en las viviendas, situadas a pie de costa. En cuestión de minutos, barrios enteros quedaron anegados después de que el mar entrara tierra adentro con olas de varios metros, devastando en su camino infraestructuras y arrastrando vehículos. Crecidas de las aguas y ríos desbocados, árboles que en su caída se cobraron la vida de más de una persona, y cortes en carreteras son otros de los efectos de una tempestad, acompañada de abundantes y violentas lluvias, que también se cebó con la región de Bretaña y la baja Normandía. En estas zonas los bomberos registraron hasta 600 salidas.

Para los expertos, la inusual fiereza de esta tormenta tiene una explicación:la conjunción de una corriente en alta altitud, situada más al sur de lo habitual con vientos de componente oeste, rápidos y fuertes, y de una masa de aire caliente en capas inferiores.
El paulatino incremento del número de víctimas y las dimensiones de los destrozos llevó al Gobierno galo a calificar la situación de «catástrofe nacional».

Tras una reunión de urgencia, el primer ministro, François Fillon, aseguró que los decretos de «catástrofe natural» serían publicados en 48 horas, lo que facilitaría el despliegue material y humano necesario para reconstruir las zonas afectadas.

El vendaval, que llegó a dejar a más de un millón de abonados sin suministro eléctrico, también obligó a adoptar precauciones en el tráfico aéreo y ferroviario. Los retrasos se acumularon en los aeropuertos parisinos, mientras que Air France decidió cancelar cien de sus vuelos.