Con esto de los nuevos planes presupuestarios y las políticas de protección del medio ambiente la Comisión Fiscal de Dinamarca (Skattekommission) ha decidido “marcar” a los ganaderos y agricultores con el impuesto del clima, que venía ya años regulando la emisión de gases contaminantes. En este caso su pago se debe a las emisiones de gases como el metano que producen vacas y cerdos, simple y llanamente, “han de pagar por tirarse pedos”.
La Comisión ha justificado esta nueva medida de una manera muy simple: si los coches, que emiten al año unas 2’7 toneladas de CO2, tienen sus emisiones fiscalizadas, los animales como vacas y cerdos, que emiten unas 4 toneladas de ese gas por cabeza, tienen todas las características necesarias y el gobierno está en su perfecto derecho de fiscalizar sus emisiones.
La Skattekommission indica además que esta medida puede hacer disminuir el número de ganado y rebaños de la cabaña danesa, provocando una frenada en la emisión de este tipo de contaminantes. Aun con todo, esta comisión ha valorado la recaudación de estas nuevas tarifas en varios millones de euros.
Habría que señalar que esta medida se enmarca dentro de uno de los países con mayor presión fiscal y que la puesta en práctica de este impuesto no está completamente estudiada en lo referido a cómo contabilizarán las emisiones del ganado.
Por último podríamos destacar la situación nacional en la que, según el Ministerio de Medio Ambiente, el estiercol y las flatulencias ganaderas representan el 6 por ciento de las emisiones españolas a la atmósfera, unas 25.000 kilotoneladas equivalentes de CO2. Aunque comparándola con Nueva Zelanda, en el que el aporte gases de estas mismas fuentes supone el 40 por ciento de sus emisiones contaminantes y cuyo gobierno se planteó en 2003 la Flatulence Tax (algo similar al caso danés), no es nada.
Fuentes: El País (edición digital)
JM Noticias
Álvaro Lambea Gil, IES Miguel Catalán (Zaragoza)
No hay comentarios:
Publicar un comentario